CASO CLÍNICO PSICOANALITICO

 

Evaluación de un psicoanalista real


  • El primer contacto del paciente con el psicoanalista.

    Anne, soltera y de 30 años, acudió a análisis tras haber padecido episodios depresivos de distintos grados de severidad en los diez años anteriores. Justo antes de buscar análisis, se vio invadida por una depresión severa: no podía tomar decisiones, no comía, se recluía en su cama, y temía perder el control y suicidarse. Había tenido breves periodos de tratamiento psiquiátrico a lo largo de los años pero ahora había decidido “llegar a la raíz” de su problema. Con respecto a los acontecimientos que precipitaron sus episodios de depresión, dijo abruptamente, entre lágrimas, “Ninguna de mis relaciones ha ido a ninguna parte”. Recitó una letanía de intentos fallidos de establecer relaciones íntimas, tanto con hombres como con mujeres. Desde que podía recordar, sus profesores habían comentado que estaba bloqueada y no aprovechaba todo su potencial. Ahora, que era bibliotecaria, cumplía con sus obligaciones de una manera mecánica bajo la supervisión de un profesional menos cualificado que ella.

    En la primera sesión de análisis, Anne tllevo con algunas dudas un sueño que la había hecho despertarse muy asustada:

    Estaba trepando una montaña muy escarpada… vi un faro en la cima… allí había un hombre… alcancé la cima… no recuerdo qué me dijo… Luego estaba bajando… estaba oscuro… no puedo recordar el resto del sueño.

    Permanecieron en silencio durante unos 20 segundos, y luego dijo: “Vd. vio una luz en la cima de la montaña”. La paciente no respondió durante lo que me pareció un rato largo, pero yo permanecí en silencio. Luego ella estalló, explosivamente, “¡Bajé por mí misma!”. Lloró inconsolablemente durante el resto de la sesión, y no hubo más intentos tomar en consideración el sueño.

    (Recordaron aquí que un análisis tradicional del sueño habría implicado que el analista pidiera asociaciones para ir más allá del contenido manifiesto del sueño y descubrir su contenido latente y sus significados inconscientes).

    Si bien este sueño tuvo lugar al comienzo del análisis, había habido tres indicadores de una experiencia traumática subyacente. En primer lugar, Anne se había despertado del sueño muy asustada. En segundo lugar, después de haberme contado el sueño, permaneció primero en silencio y luego estalló: “¡Bajé por mí misma!” y lloró inconsolablemente. En tercer lugar, hubo un cambio en su estado mental de un estado inicial de esperanza sobre el análisis a un estado de desesperación extrema.

    Puesto que este era el primer sueño presentado en el análisis, ¿sugería algo sobre las angustias de Anne en cuanto a la naturaleza del proceso analítico? ¿Al final se la dejaría sola, deprimida y olvidada, como se había quedado tan a menudo tras sus breves relaciones sexuales con los hombres? Escuchaba el ruego subyacente de Anne de que estuviera con ella, le hablara, la iluminara, y no la abandonara, y al mismo tiempo también escuchaba su temor de que la promesa de cercanía no se cumpliera.

    A continuación, hubo unos cuantos meses durante los cuales Anne se esforzó por ajustarse al marco analítico. Aunque acudía regularmente a las cuatro sesiones semanales, pagaba puntualmente las facturas y parecía disfrutar de la regularidad y continuidad de las sesiones, al mismo tiempo me saludaba con una sonrisa congelada y los músculos faciales crispados y hablaba con una voz baja, pausada, cuando relataba los detalles de su vida diaria: sobre su trabajo, sus relaciones familiares, y sus amigos, hombres y mujeres. Anne era extremadamente educada y parecía hacer esfuerzos agotadores para cumplir las “reglas del análisis”. Decía: “Gracias”, siempre que se levantaba del diván para marcharse.

    • El protocolo de recogida de información utilizado en la primera sesión.

    No realiza ninguna entrevista estructurada, más bien solo deja que la paciente hable de sus padecimientos.

    • Las técnicas y herramientas empleadas para llegar al diagnóstico (asociación libre, análisis de sueño, pruebas proyectivas, y todas las que haya utilizado).

    Utilizó análisis de sueños El análisis de sueños consiste en que un analista de sueños, que puede ser, cualquier profesional competente, entrenado en esta materia enseñe a la persona, mediante diferentes métodos a interpretar sus propios sueños. El analista solo irá a orientar al consultante sobre su sueño. El analista analiza y es el soñante que encuentra las respuestas a sus inquietudes. Nadie más que éste se puede arrogar el derecho de interpretar sueños que no le pertenecen. El paso más importante y el más difícil al desear conocer el significado de sus sueños son anotarlos todos los días con su respectiva fecha. Es necesario escribir todo lo que más se pueda acordar, aunque sean detalles, que le parezcan insignificantes. Por ejemplo, si usted soñó que estaba en una casa ¿cómo era esa casa? ¿era moderna, antigua, de que material parecía estar construida? ¿de que color eran las paredes? ¿era amplia o estrecha? ¿Estaba iluminada o no? ¿había muebles? ¿cómo eran? Luego dependiendo del método usado, se irá profundizando hasta llegar al significado exacto. Entonces, surge la gran interrogante, ¿cómo sabré, que significa este montón de cosas sin sentido ni lógica? Lo increíble del análisis de sueños es que uno llega hasta el punto de conocer el significado por intuición. Al saber la interpretación que hemos encontrado, nos sobreviene una grata sensación de alegría y bienestar. Hemos tomado contacto con una parte, hasta ese minuto, desconocida de nosotros mismos. Este proceso se repetirá cada vez que usted analice e interprete cada sueño. El análisis o el trabajo con los sueños es algo relativamente fácil de aprender, si los primitivos lo hacen ¿por qué no nosotros? Cada imagen, nos muestra facetas, sentimientos, anhelos y emociones, ignoradas. Es una revelación constante el recibir este informe nocturno de nuestra vida cotidiana.

                Así mismo en sesiones sucesivas utilizó la asociación libre. Cuando toda persona habla, hace una selección de las palabras que quiere utilizar para darle un sentido congruente al mensaje que pretende compartir. A pesar de este proceso de selección, más o menos rápido, suelen aparecer fallos del lenguaje, como los lapsus linguae, olvidos, repeticiones, etc., Estos “fallos”, en las conversaciones ajenas al contexto terapéutico no suelen ser analizados; sin embargo, en un contexto analítico tienen mucha importancia.

    Precisamente, en el contexto analítico se entiende que estos “fallos” son una manifestación del inconsciente, es como si de alguna manera el contenido traspasara la barrera defensiva de la persona. Algo parecido sucedería con la asociación libre. El paciente, al verse liberado por el terapeuta de sus propios controles y ajeno a toda disciplina de darle a sus ideas un sentido lógico, se encuentra en el escenario propicio para dejarse llevar por todo aquello que acude a ese “precipicio” en el que todo lo inconsciente adquiere fuerza, asocia, habla. La barrera defensiva, las resistencias, son franqueadas y es posible entonces tener acceso al inconsciente.

     

    CONCLUSIÓN.

    Existe el juicio extendido de que las terapias psicoanalíticas están pasadas de moda, sin embargo, el psicoanálisis es una disciplina viva que tiene como esencia la relevancia de las relaciones humanas en general y terapéuticas en particular y sigue siendo hoy en día tan actual como lo fue en los tiempos de Freud, pues el sufrimiento humano es tan actual como entonces. La necesidad de cada uno de conocer las causas, inconscientes en muchas ocasiones, que nos llevan a sufrir es universal y atemporal. Sin el autoconocimiento, nada de lo que venga de fuera podría ser valorado, amado, aprovechado o rechazado, si fuera el caso. El psicoanálisis se nos presenta, por lo tanto, como vía para llegar a ese autoconocimiento.

    En el año 400 antes de Cristo, Hipócrates describió por primera vez que, de todas las partes del cuerpo, el cerebro era la sede de las experiencias, las sensaciones y la inteligencia. Desde entonces hasta hoy, las neurociencias han aportado importantísimos descubrimientos cerebrales y, en uno de ellos, se volvió a colocar otro elemento nuevo en nuestro cerebro: el inconsciente. Esa ocasión la protagonizo Freud en el siglo XIX y su estudio lo han continuado Klein, Bion, Bick, Meltzer y, aún hoy, miles de profesionales de la salud mental en todo el mundo.

    El psicoanálisis es, por lo tanto, antiguo y actual porque su nacimiento aportó la visión más coherente e intelectualmente satisfactoria de la mente. Nos ha aportado la naturaleza de los procesos mentales inconscientes, ha conceptualizado la transferencia, ha estimulado áreas de investigación como la observación de la vida emocional de los niños o el análisis experimental del apego. Además, ha aportado una técnica concreta para investigar la mente humana y un modelo de esta cuando no existía aún ninguno que la biología pudiera aportar.

    Su método es, a la vez, investigador y terapéutico pues resulta de utilidad para tratar los síntomas psicopatológicos. Y su técnica se sirve de la asociación libre y la interpretación de los sueños, entre otros, hoy en día vigentes como la “vía regia” para conocer el mundo interno que habita y constituye nuestro cerebro menos consciente. Dentro del ámbito colectivo de la sociedad científica en general, el psicoanálisis está inmerso dentro de las neurociencias pues el nacimiento de las teorías psicoanalíticas aportó a la biología una guía para su propio desarrollo. Baste recordar que cuando Freud escribió “Una psicología para neurólogos”, avanzo en sus hipótesis más que la propia biología.

    En el otro nivel, el individual, el psicoanálisis nos ayuda a discriminar los aspectos saludables de los patológicos dentro del psiquismo, cuando aparecen síntomas que no son sinónimos de patología, sino de salud. Es decir, síntomas que aparecen por la resolución de un conflicto, siendo por tanto muestra de avance y no de patología. Por este motivo, para el psicoanálisis, el diagnóstico de normalidad mental requiere que nos podamos apartar de lo meramente estadístico, pues a veces, esos criterios, aunque necesarios en otros ámbitos, están lejos de dar cuenta de la responsabilidad psíquica personal y de la ética del mundo interno.

    El psicoanálisis posee, además, algo exclusivo, porque es la única disciplina en la que el vínculo es en sí mismo una herramienta terapéutica y un espacio de investigación donde minuto a minuto se profundiza, se gesta la relación y se hace una terapia que transforma esta comprensión en una característica de la personalidad: la función analítica.

    Considero que en la situación actual en la que se sabe que existe una relación entre el consciente, el pre-consciente de Freud y el córtex prefrontal, ahora que se han emparejado las experiencias tempranas difíciles tan estudiadas por el psicoanálisis, con una mayor respuesta al CRF (factor liberador de corticotropina) ante el estrés, o ahora que se ha podido demostrar que existen cambios en estructuras o funciones neuronales tras una intervención psicoterapéutica y que se sabe que los antidepresivos ISRS suben la serotonina pero que la psicoterapia también la sube, creo que es el momento de que se construyan y refuercen los puentes entre el psicoanálisis y la biología, estableciendo una colaboración entre los descubrimientos psicoanalíticos acerca del modelo de la mente y los hallazgos biológicos.

    Aunque no sería bueno ni posible que un enfoque neurobiológico de cuestiones psicoanalíticas redujera los conceptos psicoanalíticos a los neurobiológicos, ya que las agendas del psicoanálisis, la psicología cognitiva y la neurociencia pueden superponerse, pero en modo alguno son idénticas. El papel de la biología en esta tarea sería iluminar las direcciones que tienen más probabilidades de proporcionar una visión más profunda de los procesos paradigmáticos específicos. La fuerza de la biología es su rigurosa forma de pensar y la profundidad de su análisis. Los puntos fuertes del psicoanálisis son su amplia perspectiva y la capacidad de manejar niveles complejos, inabordables aún por la biología, y el conjunto de técnicas que usa, cuya eficacia se ha consolidado con los años y la experiencia. El psicoanálisis podría hacer de tutor experto y orientado a la realidad de una comprensión sofisticada de la mente-cerebro.

    Y en otro orden de cosas, en una sociedad donde se prefiere la comunicación a través de textos escritos donde la gente está a salvo de los imprevistos emocionales y de los pensamientos inesperados que surgen en el seno de cualquier conversación, creo que el psicoanálisis se hace más necesario que nunca. Preguntarnos si sigue siendo vigente sería como preguntarnos: ¿está vigente la aspirina? Según para lo que se use, pero, desde luego, que lo está. Lo que ocurre es que no vale para todo y el psicoanálisis, habiendo sido científico en sus propósitos, no lo pudo ser en su método. Como dice Kandel, la biología se impone a los seres humanos, que en eso no son distintos del resto de los animales. Pero en este viaje a los entresijos del cerebro nos recuerda que para esa máquina las limitaciones son también posibilidades.


Finnegan, J. (2018). Presentación de un caso clínico: Comprensión e interpretación de los sueños en la elaboración de un trauma. Obtenido de http://www.aperturas.org/articulo.php?articulo=0000972

Mateos, S. (2020). EL PSICOANÁLISIS EN LA ACTUALIDAD. Obtenido de https://www.sep-psicoanalisi.org/2019/10/01/el-psicoanalisis-en-la-actualidad/

 

 

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