Caso Psicoanálisis
Alicia
Por Alejandra González
Se trata de una chica de 21 años con anorexia y bulimia grave, quien ha tenido varios intentos de suicidio y ha estado internada en varias ocasiones.
Primer contacto de la paciente con el psicoanalista
La paciente acude con su madre a la primera sesión.
Preguntas realizadas en la primera entrevista
Primera entrevista: En esta primera entrevista llega acompañada de su madre. (La madre una mujer muy obesa, con una voz muy fuerte y la hija, es una chica muy, muy delgada, con voz suave, cabello largo un poquito debajo de los hombros, su ropa está arrugada, su aspecto se ve demacrado, sólo sus ojos brillan, sonríe ligeramente).
La madre empieza diciendo: “he intentado todo y ya no sé que más hacer”, el problema empezó hace unos días: “yo le regalé un perrito porque la veía muy triste y no quería salir de su cuarto, pero el perrito se murió a los dos días, entonces, empezó a decir, que realmente la que se debería de morir era ella, y a partir de ese momento ya no ha querido comer y se la pasa dormida o llorando”. Alicia se encorva, baja la mirada, pareciera quebrarse, los ojos se le llenan de lágrimas y alcanza a decir: “sí, se murió mi bebé”. - Yo: ¿cómo dijiste? - Alicia: así le llamé al perrito porque estaba muy chiquito (Se le llenan los ojos de lágrimas y se le quiebra la voz). -
Madre: -Con tono de molestia- ¡Hay ya vas a empezar!, así es siempre doctora. Lo he intentado todo, a veces con cariño, persuadiéndola, siendo severa, con castigos, amenazas, todo. Yo ya no puedo ni trabajar, todo el tiempo ando pidiendo permisos porque se pone mal, falto a mi trabajo. Mi otro hijo “es un desastre, un bueno para nada que no me ayuda”, a veces la vigila y me dice si comió o no, pero generalmente anda en la calle, “es un vago”. Yo frecuentemente tengo ataques de asma y también termino en el hospital. Por eso necesito que usted nos ayude.
¿Tú cómo te sientes? Le pregunto a Alicia. - Yo bien, mi mamá es la que siempre exagera - responde. - Yo: Bueno, haz escuchado la preocupación de tu mamá, creo que tu tienes una idea de lo que ha de sentir, pero sin duda eres tú la que sabe más si te sientes bien o te sientes mal, tu cuerpo es tuyo. - ¿Qué opinas de venir? – yo. - Yo estoy de acuerdo, sí quiero venir – Alicia. - ¿Qué esperas al venir? - yo - Espero poder hablar de todo lo que me pasa, del por qué me siento triste o por qué no como, porqué siento que la vida no vale la pena. - Madre: sí doctora por favor ayúdeme, porque yo sola no puedo y si sigo así siento que no voy a poder vivir más, yo de tanta angustia no paro de comer y míreme como estoy, me voy a morir. - Yo (viendo a Alicia),
¿Quién es la enferma tú o tu mamá? - Ella: (sonríe), creo que las dos, ella me enferma a mí y yo la enfermo a ella. - ¿Qué podemos hacer? - Madre: Yo le pido que atienda a mi hija. - Yo: ¿Hoy por qué vinieron las dos? - Madre: Temía que no quisiera venir o que le pueda pasar algo en la calle. - Yo ¿Cómo qué? - Madre, no sé... desmayarse por ejemplo, pero tuve que pedir permiso en mi trabajo y todos estos tiempos ya me los descuentan, por ello a veces tengo que trabajar tiempos extra para poder compensar, pero pues así tampoco veo a mis hijos.. -
Yo: (viendo a Alicia) Tú dices que quieres venir y tú mamá no te puede traer por el horario de su trabajo; por lo tanto tienes que decidir si te haces cargo de tu cuerpo, y asumes la responsabilidad de traerlo todos los días y a la hora que acordemos. - Alicia: Sí, (sonríe), me comprometo a venir, ser puntual y no faltar, tampoco me voy a arrojar a las llantas de un auto o a provocar un incendio, lo prometo –lo dice sonriendo y levantando la mano, a manera de promesa-. En esta primer sesión se manifiesta la intensa angustia de la madre por el cuerpo de su hija, es una hija que ha hecho un manejo de su cuerpo como atendiendo al deseo de la madre de tener de quién quejarse eternamente, “los hijos no la dejan vivir”. (Hernández 2013)
Método de recogida de información
Asociación libre
Técnicas utilizadas
Asociación libre
Atención flotante
Hipótesis
Histeria
Observamos que la histérica en relación con el padre puede tener dos posiciones contrarias pero que tienen algo en común. Tanto en un caso como en el otro, la histérica ahorra su propio deseo: por un lado está sujeta al deseo del otro, el padre víctima de una mujer que no lo ha comprendido; por el otro, se pone al servicio de la causa materna. Es la prueba misma de una capitulación a través de la cual la histérica, renunciando a su deseo, se moviliza prioritariamente en la cuestión del deseo del Otro, ya sea caído o maltratado. Recordemos la histérica por lo general se encuentra a ella misma estancada en ese lugar como consecuencia de una captura significante. Está atrapada en un mensaje paterno que le significa un avatar de su propio deseo. En este caso, ella duerme, enferma, no come, etc. todo para la madre y sustituyendo aparentemente al padre, para mantenerla ocupada y darle un motivo eterno de queja y ocupación... de goce.
La etiología de la histeria como en este caso con “vómitos y asco a los alimentos”, forman parte nuevamente de toda una serie de “fenómenos histéricos frecuentísimos” que Freud deriva ahora de las escenas sexuales infantiles.(Hernández 2013)
Conclusión y vigencia del psicoanálisis
Desde el respeto que me merecen los amantes el psicoanálisis y los practicantes del mismo, tanto psicoanalistas como pacientes, y reconociendo los grandes aportes sobre el inconsciente de Freud y Lacan principalmente, quiero aclarar que expondré mi experiencia con la terapia psicoanalítica para elaborar mi conclusión.
Si bien, resulta liberador hablar de todo lo que se te ocurra en una sesión, y que alguien te escuche, yo llegué a un punto en el que después de varias sesiones y de tener algunos insights, ya no le veía más sentido a estar hablando cada vez que iba de lo que se me ocurriera y de algo diferente estando acostada en un diván viendo hacia la pared y tener al psicoanalista fuera de mi círculo de visión. Sentí que era muy lento el proceso y caro. El formato era asistir una vez a la semana porque si no, no servía.
El papel del psicoanalista estaba muy apegado a las técnicas del psicoanálisis, realizaba una o dos preguntas durante los cincuenta minutos y al final me decía, me parece que esto va por aquí pero lo seguiremos trabajando y a la siguiente sesión no había continuidad, porque era hablar de lo que se me ocurriera.
Con respecto a lo anterior alguna vez escuché el cuento que narró un psicoanalista en un coloquio, no aclaró si estaba basado en la realidad o no, pero se refería al impacto que le causó el suicidio de una paciente joven anoréxica, y se cuestionaba en su narración, que si hubiera podido hacer más, si no hubiera aplicado de manera tan ortodoxa el psicoanálisis con ella. E incluso respetó su día y su hora por un tiempo, no dejando que los ocupara nadie más en honor a ella.
Pienso que todo tiene un sentido y que hay una terapia para cada quien, pero en mi experiencia personal, si necesito más intervención del terapeuta y un poco más de contacto, que con el psicoanalista no pude por no tener ni siquiera contacto visual con el mismo durante las sesiones.
Actualmente estoy realizando un trabajo personal con otro tipo de terapia y he tomado consciencia de muchas cosas en menos tiempo.
Personalmente pienso que hoy en día existen terapias más vigentes que el psicoanálisis, sin embargo no descarto la utilidad que pueda tener en ciertas personas.
Referencia
Hernández, L. (2013). UN CASO DE ANOREXIA: GOCE, AMOR Y ODIO DESDE LA PERSPECTIVA PSICONALÍTICA. Universidad Nacional Autónoma de México. https://www.iztacala.unam.mx/carreras/psicologia/psiclin/vol10num3/art8vol10n3.pdf
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